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¿Se irá también al museo nuestro tradicional teléfono fijo, superado por la telefonía móvil, internet o la telefonía IP? Recordemos que la telefonía IP es, en palabras simples, la posibilidad de hacer -a través de internet- llamadas telefónicas de cualquier duración y a cualquier parte del mundo, casi gratis (o mejor dicho, por el mismo precio que pagamos por internet más un pequeño valor fijo mensual, pero sin tener que pagar adicionalmente Servicio Local Medido o larga distancia).
Las frías estadísticas parecen indicar que en pocos años el teléfono fijo tradicional sólo se encontrará en los museos. En los Estados Unidos de Norteamérica, por ejemplo, la cantidad de teléfonos fijos llegó a un máximo de 170 millones en 2001, pero desde entonces ha retrocedido sistemáticamente y ya en 2004 había sólo 150 millones. En Chile la cantidad de teléfonos fijos llegó en 2002 a un máximo de 3,5 millones y desde entonces ha mostrado una tendencia a la baja, que contrasta con los teléfonos móviles, que hoy superan los 10 millones.
Pero no sólo está bajando la cantidad de teléfonos fijos, sino que también el tráfico promedio de los que quedan en servicio, ya que para algunos tipos de llamadas (a teléfonos móviles, larga distancia) aquellos están resultando mucho más caros que otras alternativas disponibles. Por eso, el único destino del teléfono fijo tradicional parece ser el museo.
En todo el mundo las empresas tradicionales de telecomunicaciones están muy preocupadas por lo anterior, y -como es lógico- tienden a colocar trabas a la expansión de la telefonía IP. En Chile, sin ir más lejos, el Tribunal de Defensa de la Libre Competencia está conociendo un caso emblemático: el reclamo de un proveedor de telefonía IP, que acusa a las empresas tradicionales de impedirle cursar tráfico de voz a través de internet. Mientras tanto, los funcionarios de gobierno encargados de velar por el desarrollo de las telecomunicaciones leen y releen las leyes y reglamentos vigentes en busca de una solución, pero sin éxito. En su afán, incluso, han pensado en crear un estatuto separado para la telefonía IP, que al menos la legalice y la exima de cumplir la normativa legal y reglamentaria que se exige a la telefonía tradicional.
¿Pero está realmente obsoleta la telefonía tradicional? Personalmente pienso que no, porque la tecnología que hoy emplean las redes de telefonía fija permite, perfectamente, establecer comunicaciones telefónicas de cualquier duración y destino, sin necesidad de cobrar adicionalmente ni Servicio Local Medido, ni larga distancia nacional, ni larga distancia internacional.
Y con varias ventajas adicionales: sin que sea necesario tener un computador y una conexión de banda ancha de por medio, sin que el servicio se vea interrumpido frente a un corte de luz, con una calidad de sonido igual o mejor que cualquier comunicación telefónica a través de internet y -lo más importante- con una forma de operar tan simple y estandarizada, fruto de una evolución más que centenaria, que le permite ser usada por cualquier persona. Es más, el teléfono fijo tradicional -si no se va al museo- puede ser la base para que internet llegue a los hogares de las personas de menos recursos de nuestro país.
¿Y si el teléfono fijo tradicional tiene tales ventajas, por qué entonces se bate en retirada? Porque -entre otras razones- si bien la telefonía fija tradicional también podría cursar comunicaciones telefónicas libres de Servicio Local Medido o de cobros por larga distancia, algunas leyes y reglamentos ya anacrónicos le impiden hacerlo.
Más aún, pensar que la telefonía tradicional es distinta de la telefonía IP, y que por ello deben ser sometidas a regulaciones distintas, equivale al clásico error de los relojeros suizos, que por muchos años pensaron que los verdaderos relojes eran mecánicos y que los de cuarzo -que ellos mismos habían inventado- eran una simple curiosidad. Por pensar así fueron fácilmente desplazados por los relojeros japoneses.
En consecuencia, lo que hay que hacer es revisar y modernizar toda la regulación del sector, por la vía de eliminar las diferencias regulatorias que hoy existen entre telefonía fija tradicional, telefonía IP y telefonía móvil, de modo que todas ellas puedan competir en igualdad de condiciones.
Si somos capaces de cambiar en profundidad las leyes y reglamentos para que una llamada de Arica a Santiago -y por qué no decirlo, de Iquique a Miami- pueda ser considerada local, independiente de que sea cursada a través de un teléfono fijo tradicional, de un teléfono móvil o de un computador, estableceremos un mercado de telefonía más competitivo y menos distorsionado que el actual, y de paso lograremos que las telecomunicaciones de Chile sean nuevamente un ejemplo para el mundo.
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